Yo siempre he dicho que soy tan desgraciado que si un día voy a la playa, ese día no hay agua.
Y nadie me cree, dicen que como andaluz soy un exagerado, y ustedes también lo piensan, ¡que yo os oigo!
Pero sin pruebas, cualquier publicación o expresión, no van a ninguna parte, por eso me decido a contarles mis últimas bendiciones, sí esas bendiciones que muchas amigas de Hispanoamérica me prodigáis en cada comentario y mensaje de wasap. ¡Si eso son bendiciones, mecagoentó, prefiero ir al infierno con la Marilín!
El pasado viernes me desperté muy temprano y, a pesar de ponerme los auriculares para escuchar la radio, no podía volver a conciliar el sueño. Me levanté tan tranquilo a las seis de la mañana, para responder al saludo matinal del amigo José.
Pero hete aquí que el ordenador no se enciende y empieza emitir un pitido de alarma, mientras que una luz roja e intermitente se enciende en la torre del PC de sobremesa. ¡Ya empezamos!, me dije sintiendo un pellizco en el vientre y el calor de la frustración en el rostro.
¡¿Y ahora qué hago, madre de Dios hermoso?!
Pienso en reiniciar el ordenador, pero es imposible si este no se enciende. Calculo lo que me costará llamar a un técnico y prefiero comprar otro ordenador nuevo.
Miro los precios y me entran ganas de ir al váter.
Pregunto a la IA de Google, digo lo que me pasa y enseguida aparecen dos docenas de indicaciones y consejos a poner en práctica. Incluso me pone videos para que yo siga los pasos.
Entonces me doy cuenta de que la IA tiene resaca y dice cosas propias de un tío borracho:
Reinicie el ordenador” (¡Gilipollas, eso es lo que intento hacer desde las seis de la mañana!)
“Quite la tapa, coja la memoria y póngala en otro ordenador, si funciona, descártela. Si no funciona, ponga otra nueva y compruebe si se solucionó el problema.
¡Como si yo tuviese un almacén de placas y memorias de ordenadores!
Total, que apago el móvil y descarto los consejos de la IA. Me quedo pensando ( algo inhabitual en mí, que soy más que nada impulsivo e impaciente) y decido tras unos minutos desmontar la tapa y escudriñar el interior sin tener ni puñetera idea de lo que tengo que hacer después, como hacen la mayoría de conductoras cuando no arranca el motor y levantan el capó y se quedan mirando y pensando en lo bien que estarían con un galán en el asiento trasero. Siempre llega un salvador que se presta a ayudar; pero siempre resulta ser un viejo gordo casado y sudoroso, esto último tal vez porque sabe que la niña no va aceptar lo que él está deseando hacer después de poner en marcha el motor.
Pero bueno, que me aparto del tema. Quito la docena de cables que hay detrás del secreter , saco la torre y quito una tapadera lateral. Entonces me quedo alucinado, ¡No veo nada! Una capa de pelusas de polvo más gruesa que el nórdico de mi cama envuelve el ventilador y las tres rejillas de ventilación del aparato. Me da vergüenza hasta mirarlo. Recuerdo que mi amigo Demetrio me dijo una vez, hace un siglo, que debía mantener limpio el ordenador, por dentro y por fuera.¡Y no lo hice!
Cojo un pincel de los que uso para pintar y saco pelusas para llenar el recogedor de barrer la casa. Miro entonces las piezas del interior: la placa supongo que es una ancha rectangular en la que están enchufadas las demás piezas. No las toco, monto la tapadera y los cables, enchufo el ordenador y ¡SE ENCIENDE! ¡Soy un genio!
Para entonces, ya ha amanecido, mi Carmen se ha levantado y está desayunando. Voy corriendo a abrazarla y decirle que me he ahorrado 150 o 200 euros por no llamar a un técnico.
—¡Qué bien, Juanillo! Entonces ¿me vas a poder comprar el conjunto de primavera que vimos el otro día en ZARA?
Me voy al baño sin responder. Llevo el móvil en el bolsillo, y al bajarme el pantalón...¡se cae dentro del váter!
¡Maldita sea la hora en que me desperté!
Solo pierdo cinco segundos mirando pasmado el teléfono sumergido en el agua. Después, meto la mano, lo saco y lo apago, lo seco enseguida con un paño primero y con el secador de pelo luego. Dirijo el aire caliente a los orificios de la carcasa. (Dos cosas que la IA me dice que no debía de hacer)
Cuando lo veo seco lo enciendo, ¡Y funciona! ¡Soy un manitas!
Todo el día feliz leyendo noticias de Google y de Facebook, escribiendo comentarios y mensajes mientras escucho la radio por los auriculares. Así hasta la noche, hasta que intento hacer una llamada de teléfono y me doy cuenta que no funciona el micrófono ni los altavoces. El Cielo se me cayó encima. Todavía me duele el golpe.
Ha terminado la película de Prime Video sin darme cuenta y me acuesto a las once atacado de los nervios. A las dos de la madrugada me levanto sin haber pegado ojo. He estado calculando si procede llevar el móvil a un técnico o si vale más comprar otro. Miraba los precios en el mismo teléfono, todo funciona bien menos el sonido. Mi móvil ha bajado el precio que me costó hizo el día de Reyes dos años, pero aún sale por 250 euros. Un técnico no me va a cobrar menos de 100, que es lo que le cobró a un amigo por cambiar la pantalla.
La IA me dice que existen aplicaciones gratuitas que me limpian el celular en segundo. Me bajo dos apps gratuitas que al instalarlas y abrirlas me piden 19 euros e inscribirme y pagar una cuota mensual. Las elimino enseguida. Hago vibrar el teléfono con el volumen a tope, siguiendo consejos de videos de YouTube. Sacudo el móvil de arriba abajo ¿o era al revés? No recuerdo. Limpié con un cepillo de dientes los orificios del altavoz y micrófono, etc, ect.
El caso es que después entre en wasap y abrí el video que me había enviado una amiga desde México y empezó a sonar. Puse la radio y funcionaba. Y me volví a acostar, muy feliz. Carmen no había podido dormir y me preguntó que estaba haciendo.
—Me he ahorrado otros 200 euros de comprar un móvil.
—Vale, ¿ya podemos dormir o todavía no?
—Vamos a intentarlo, mi amor.
Para celebrarlo, ayer me hizo una paella mixta auténticamente valenciana, con mejillones y todo.

