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lunes, marzo 02, 2026

LAS ALEGRÍAS Y DESVENTURAS DE JUAN PAN.




Yo siempre he dicho que soy tan desgraciado que si un día voy a la playa, ese día no hay agua.
Y nadie me cree, dicen que como andaluz soy un exagerado, y ustedes también lo piensan, ¡que yo os oigo!

Pero sin pruebas, cualquier publicación o expresión, no van a ninguna parte, por eso me decido a contarles mis últimas bendiciones, sí esas bendiciones que muchas amigas de Hispanoamérica me prodigáis en cada comentario y mensaje de wasap. ¡Si eso son bendiciones, mecagoentó, prefiero ir al infierno con la Marilín!

El pasado viernes me desperté muy temprano y, a pesar de ponerme los auriculares para escuchar la radio, no podía volver a conciliar el sueño. Me levanté tan tranquilo a las seis de la mañana, para responder al saludo matinal del amigo José.

Pero hete aquí que el ordenador no se enciende y empieza emitir un pitido de alarma, mientras que una luz roja e intermitente se enciende en la torre del PC de sobremesa. ¡Ya empezamos!, me dije sintiendo un pellizco en el vientre y el calor de la frustración en el rostro.
¡¿Y ahora qué hago, madre de Dios hermoso?!

Pienso en reiniciar el ordenador, pero es imposible si este no se enciende. Calculo lo que me costará llamar a un técnico y prefiero comprar otro ordenador nuevo.
Miro los precios y me entran ganas de ir al váter.

Pregunto a la IA de Google, digo lo que me pasa y enseguida aparecen dos docenas de indicaciones y consejos a poner en práctica. Incluso me pone videos para que yo siga los pasos.

Entonces me doy cuenta de que la IA tiene resaca y dice cosas propias de un tío borracho:
Reinicie el ordenador” (¡Gilipollas, eso es lo que intento hacer desde las seis de la mañana!)
“Quite la tapa, coja la memoria y póngala en otro ordenador, si funciona, descártela. Si no funciona, ponga otra nueva y compruebe si se solucionó el problema.
¡Como si yo tuviese un almacén de placas y memorias de ordenadores!

Total, que apago el móvil y descarto los consejos de la IA. Me quedo pensando ( algo inhabitual en mí, que soy más que nada impulsivo e impaciente) y decido tras unos minutos desmontar la tapa y escudriñar el interior sin tener ni puñetera idea de lo que tengo que hacer después, como hacen la mayoría de conductoras cuando no arranca el motor y levantan el capó y se quedan mirando y pensando en lo bien que estarían con un galán en el asiento trasero. Siempre llega un salvador que se presta a ayudar; pero siempre resulta ser un viejo gordo casado y sudoroso, esto último tal vez porque sabe que la niña no va aceptar lo que él está deseando hacer después de poner en marcha el motor.

Pero bueno, que me aparto del tema. Quito la docena de cables que hay detrás del secreter , saco la torre y quito una tapadera lateral. Entonces me quedo alucinado, ¡No veo nada! Una capa de pelusas de polvo más gruesa que el nórdico de mi cama envuelve el ventilador y las tres rejillas de ventilación del aparato. Me da vergüenza hasta mirarlo. Recuerdo que mi amigo Demetrio me dijo una vez, hace un siglo, que debía mantener limpio el ordenador, por dentro y por fuera.¡Y no lo hice!
Cojo un pincel de los que uso para pintar y saco pelusas para llenar el recogedor de barrer la casa. Miro entonces las piezas del interior: la placa supongo que es una ancha rectangular en la que están enchufadas las demás piezas. No las toco, monto la tapadera y los cables, enchufo el ordenador y ¡SE ENCIENDE! ¡Soy un genio!

Para entonces, ya ha amanecido, mi Carmen se ha levantado y está desayunando. Voy corriendo a abrazarla y decirle que me he ahorrado 150 o 200 euros por no llamar a un técnico.

—¡Qué bien, Juanillo! Entonces ¿me vas a poder comprar el conjunto de primavera que vimos el otro día en ZARA?

Me voy al baño sin responder. Llevo el móvil en el bolsillo, y al bajarme el pantalón...¡se cae dentro del váter!
¡Maldita sea la hora en que me desperté!

Solo pierdo cinco segundos mirando pasmado el teléfono sumergido en el agua. Después, meto la mano, lo saco y lo apago, lo seco enseguida con un paño primero y con el secador de pelo luego. Dirijo el aire caliente a los orificios de la carcasa. (Dos cosas que la IA me dice que no debía de hacer)

Cuando lo veo seco lo enciendo, ¡Y funciona! ¡Soy un manitas!
Todo el día feliz leyendo noticias de Google y de Facebook, escribiendo comentarios y mensajes mientras escucho la radio por los auriculares. Así hasta la noche, hasta que intento hacer una llamada de teléfono y me doy cuenta que no funciona el micrófono ni los altavoces. El Cielo se me cayó encima. Todavía me duele el golpe.

Ha terminado la película de Prime Video sin darme cuenta y me acuesto a las once atacado de los nervios. A las dos de la madrugada me levanto sin haber pegado ojo. He estado calculando si procede llevar el móvil a un técnico o si vale más comprar otro. Miraba los precios en el mismo teléfono, todo funciona bien menos el sonido. Mi móvil ha bajado el precio que me costó hizo el día de Reyes dos años, pero aún sale por 250 euros. Un técnico no me va a cobrar menos de 100, que es lo que le cobró a un amigo por cambiar la pantalla. 

La IA me dice que existen aplicaciones gratuitas que me limpian el celular en segundo. Me bajo dos apps gratuitas que al instalarlas y abrirlas me piden 19 euros e inscribirme y pagar una cuota mensual. Las elimino enseguida. Hago vibrar el teléfono con el volumen a tope, siguiendo consejos de videos de YouTube. Sacudo el móvil de arriba abajo ¿o era al revés? No recuerdo. Limpié con un cepillo de dientes los orificios del altavoz y micrófono, etc, ect.

El caso es que después entre en wasap y abrí el video que me había enviado una amiga desde México y empezó a sonar. Puse la radio y funcionaba. Y me volví a acostar, muy feliz. Carmen no había podido dormir y me preguntó que estaba haciendo.
—Me he ahorrado otros 200 euros de comprar un móvil.
—Vale, ¿ya podemos dormir o todavía no?
—Vamos a intentarlo, mi amor.
Para celebrarlo, ayer me hizo una paella mixta auténticamente valenciana, con mejillones y todo.

jueves, febrero 19, 2026

AIDA Y VUELTA

 



Bonita tarde la que pasamos el martes día 17 mi esposa  Carmen y yo.
Después de comer y de disfrutar de una reparadora siesta, como hacemos cada día, fuimos caminando y disfrutando del sol y del campo verde y florecido hasta el centro comercial Bahía Mar, donde tomamos café con dulces y después entramos al cine para ver una película de la que se hablaba mucho en televisión: Aida y vuelta que, como siempre sucede con el cine español, nos ha defraudado.
Últimamente yo solo vemos películas españolas actuales si sale Luis Tosar, pero ésta la habían promocionado tanto... que hemos picado como dos tontos.
Salen todos los cómicos españoles, ya quemados, que ya no me hacen reír.
El guion usa la misma receta de siempre:
1 Continuas palabrotas soeces como esta: "Qué prefieres, lamerle el culo a Rajoy o comerle el coño a.. ". No digo el nombre porque no deseo hacerle daño.
2 La consabida escena de sexo sin venir a cuento.
3 Una historia sin pie ni cabeza.
Muy mala, hubiera sido más gratificante ver la nueva versión de Cumbres Borrascosas, aunque ya la haya visto dos o tres veces en mi juventud.
Está visto que lo único que se puede ver en el cine español son las series y películas que tratan sobre ETA, la Guerra Civil y las de policías.
Y para de contar.
Ellos mismos se premian y se nominan a los certámenes internacionales, pero... No gana quien quiere sino el que puede.
En fin, todos tenemos derecho a comer y a recibir ayudas.

CELIA EN LA REVOLUCIÓN



Acabo de terminar la mejor crónica de nuestra Guerra civil que he leído en mi vida, nada de lo que se ha publicado transmite tanto y remueve las entrañas como lo hace a lo largo de sus 244 páginas.
Misteriosamente y a causa de varias demandas, el día de su publicación se agotaron todos los ejemplares y no se volvieron a publicar hasta 40 años más tarde.

"Celia en la revolución, es una obra que cuenta la vida en la retaguardia, la gran novela del miedo y del hambre, sus verdaderos personajes, con un único argumento: los desgarros". Andrés Trapiello,

«Un volumen asombroso sobre la guerra española que no vio la luz hasta los 80 y que ahora, en su renovada edición, debiera ser lectura recomendada en los institutos». Elvira Lindo, El País

«El final definitivo de una larga inocencia con una fuerza y una verdad que hemos encontrado en muy pocas narraciones». Juan Marqués, ABC

«Una de las mejores reflexiones sobre la Guerra Civil». Rosa Belmonte, Mujer Hoy.
Os la recomiendo. Escrita en primera persona, os parecerá que estáis viviendo con la protagonista.

miércoles, enero 28, 2026

EN ALERTA NARANJA POR LLUVIA Y VIENTO


 Foto de Manuel Téllez, periodista  de Radio Arcos

¡Buenos días, amig@s!

Estamos en alerta naranja en Cádiz, toda la noche se ha llevado lloviendo y con viento fuerte. Los niños en la Sierra no irán a las escuelas hoy; los ríos amenazan desbordarse...

Mientras tanto, Paco “El lumbreras”, llegó anoche a su casa a las 9 y, sin cenar apenas, se acostó.

El pobre hombre lleva trabajando 12 horas y cuando se acuesta solo quiere dormir.

Su mujer no entiende que no la atienda amorosamente y se queja:

 Cariño, abrázame, tengo mucho frío

El marido se gira y la abraza. Y sigue intentando dormir

 Cariño tengo una rajita...

 Pues tápatela, mujer:  por ahí te entra el frío.

sábado, enero 10, 2026

EL DENTISTA Y LA SEÑORA


 

¡Buenos días, amig@s!

La verdad es que hace un día maravilloso, soleado y con cielos limpios de nubes, color celeste, que invita a salir a dar un paseo. Y yo lo he dado hasta el Lidl  donde, sin querer queriendo, he comprado queso francés: “Camembert”, el mismo que yo compraba cuando residía en París. Allí me he encontrado con D, Julio el “Mellao”, mi dentista, el cual me ha contado la siguiente historia:

  Mira, Juan: ayer llegó a la consulta una señora de cincuenta y tantos años, y sin preguntar nada se quitó  el pantalón y las bragas  y se  tumbó en la camilla, levantó las piernas y las separó, mostrando  su intimidad más preciada. Yo me quedé pasmado y mudo durante unos segundos, hasta que  reaccioné y le dije:

  ¡Señora, pero  qué hace usted! Se ha equivocado de consulta: yo soy dentista no ginecólogo.

    —SI, lo sé. Usted es el dentista que le ha puesto la dentadura  a mi marido. ¡Y ahora me la va a sacar, como Manuela que me llamo!

—¡Hostias! ¿Y qué hiciste?

  ¡¿Pues qué voy a hacer?! Arremangarme y sacarla. Ella se levantó y sin lavar siquiera la protesis ni dar las gracias, salió de la consulta dano un portazo. No cogió el ascensor, se fue por la escaleras con la dentadura en la mano.

Y nosotros estamos preocupados por las amenazas de Trump. ¡Con la necesidad que hay en Andalucía de invertir en Educación y en Sanidad!

Nunca te acostarás sin saber algo nuevo.

©Juan Pan García, el mismo del pasado año.

 

 

 

domingo, diciembre 28, 2025

HOY ES EL DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES



Pero tranquilos, con las nuevas tecnologías se ha perdido la gracia de gastar bromas, excepto que alguien te coloque algún muñeco de papel pegado a la espalda o anuncie alguna mentira para que la creáis y luego deciros “inocente, inocente”.

¡Antes si que era divertido! La gente gastaba bromas simpáticas e inolvidables. Por ejemplo en el pueblo madrileño donde pasé la niñez: Había un chico, hijo único y muy mimado, al que sus padres y abuelos regalaban cosas que ningún otro chico del grupo podía soñar con tener algún día.

Un año le regalaron por su santo una moto Vespa, y el chaval presumía con ella montando detrás a las chicas más bonitas del pueblo.

El día de los Santos Inocentes, Pepito, hijo de un hombre que ponía los barrenos en la cantera del pueblo, colocó un cartucho de dinamita en el hueco del motor de la moto, de tal manera que cuando arrancó y se calentó el motor explotó ya lanzó al dueño por los aires, la cabeza por un lado y el cuerpo por otro. ¡Qué risa!

Todos reímos la broma escondidos detrás de la fuente de la plaza.
Pero a su madre no le hizo gracia, ninguna gracia. Hay gente que no sabe divertirse y siempre anda seria y distante. Al ver a su hijo en los suelos, empezó a gritar:

—¡Asesinos, asesinos, habéis matado a mi hijooooooo!

Y toda la gente salía a la calle a ver lo que había pasado. Cansado de tantos gritos y lamentos, el alcalde se acercó a la dama y le dijo:

—¡Pero señora, que son los Santos Inocentes! Si no admite bromas no salga usted a la calle, pues. ¡La hostia con la gente rica, tanto criticar las costumbres populares! Si no le gusta el pueblo, váyase a Madrid a pasear por el Retiro.

©Juan Pan García, 28/12/ 2025 Foto de internet, ignoro el nombre del autor

lunes, diciembre 15, 2025

RECUERDOS DE MI ÉPOCA DE MONAGUILLO


 

     Aquel día se presentaba muy duro para el joven muchacho, recién ordenado sacerdote, que sustituía al viejo párroco del pueblo. Hacía solo dos días que había  llegado y el sacristán, un anciano que había sobrevivido a dos sacerdotes. Le había acompañado en todo momento para tomar posesión de la iglesia y de  la casa donde viviría. Una gran expectación había levantado la noticia de sus llegada. Sobre todo entre las beatas que acudían diariamente a los oficios de la parroquia, y esa Nochebuena, la iglesia estaba llena hasta la puerta, para oír la primera misa del joven.

       ¡Qué guapo es!— decían unas.  

       ¡Y jovencito!— Respondían otras.

       Mientras tanto, el cura, temblando desde los pies a la cabeza, recordaba mentalmente las instrucciones del señor Braulio,  sacristán, para evitar errores comunes a causa de los nervios.

 "Cuando subas al púlpito, coges la cuerda que he dejado sobre la barandilla. Esta baja por un orificio hasta abajo, donde yo estaré atento a lo que digas, y te la atas a cualquier parte del cuerpo, y cuando digas algo que no se ajusta  a la realidad, yo tiraré de la cuerda y tú rectificas. ¿De acuerdo?”

   Y él había aceptado, ¡qué remedio!

   Cuando subió para hacer el sermón navideño, se ató la cuerda a la mano; pero se veía mucho. Se desabrochó la sotana por la parte de en medio( y se ató el extremo de la cuerda a sus partes intimas. La barandilla ocultaba todo. Y comenzó el discurso:

        — Queridos hermanos, hace tres mil años... — notó un tirón que le hizo saltar las lágrimas— hace dos mil veinticinco años, nació Jesús en un portal de Belén, y acudieron dos mil pastores — otro tirón de cuerda— bueno, quizá no fueron tantos pero un millar sí —Tironazo de nuevo— Y traían manadas de ovejas, cabras y vacas...

   Aquí el tirón de la cuerda le hizo tambalearse y harto de tanto suplicio exclamó, girándose frente publico en el borde de la escalerilla:

       — Bueno ¡y qué cojones importa si fueron dos mil o diez pastores! El caso es que el niño no nació solo ni pasó hambre, pues los pastores le ofrecieron quesos , chorizo y compartieron con él y sus padres la bota de vino— En este momento la cuerda se estiró tanto que sacó de su refugio el paquete más apreciado del joven.

       ¡Oh, santo Dios!— Exclamaron las mujeres de las diez primeras filas.

       — ¡Joder, vaya con el chico! !— gritaron los hombres— De misa no sabrá mucho; pero que bien dotado está.  Este tendrá éxito en el pueblo: los creyentes aumentarán.

El cura, no habiéndose dado cuenta del “accidente”, daba la bendición a los asistentes y terminaba diciendo:

       — Podéis ir en paz. Feliz Navidad.

    © Juan Pan García 15/12/ 2025.

 

 

viernes, diciembre 05, 2025

LOS TIEMPOS HAN CAMBIADO


Los tiempos han cambiado, antes la vida no era así; era peor pero había más confianza entre los vecinos y más solidaridad. Más miedo y hambre también.
Recuerdo que en los años 50, cuando yo estudiaba el bachillerato y FP en Málaga, los domingos salía de paseo o al cine Cervantes, de donde salía de noche. De regreso al internado pasaba por las calles y veía los portales abiertos y la gente tumbada en colchones en el suelo, durmiendo tranquilamente. Había mucha gente mendigando también.
Un hombre, conocido por “El Cojo de Málaga”, expresó muy bien la situación en la emisora EJj23 Radio Juventud:
“Va un hombre por la calle y ve a unas mujeres que habían sacado sillas a la acera y pasaban la tarde sentadas, cosiendo. El hombre, que hacía tres días que no había comido, se acerca y les pregunta, enseñando un botón de la camisa:
—Buenos días, señoras. ¿no podrían prestarme ustedes una aguja para coserme este botón?
Las mujeres se miran entres sí y una de ellas, que habitaba en el bajo, le dice:
—Claro que sí, voy a buscarla.
Y cuando ella entra en la casa, el hombre le grita:
—¡Pínchela usted en un bocadillo para que no se me pierda, por favor!
No, antes no era igual; todo el mundo no comía todos los días.
Cuando iba uno al médico, con el cuerpo escuálidos y arrastrando los pies por carecer de fuerzas hasta para masticar, el doctor, nada más verle, le recetaba lo que no podía comprar:
—Tiene usted que comer mucha carne, mucho pescado azul, jamón, marisco, leñazo, filetes de ternera, etc.. Vuelva dentro de dos meses y verá como ya está mejor.
Obviamente, ningún trabajador podía permitirse comer esas cosas, y su salud no mejoraba. Al tener que volver a la consulta para no palmarla, el médico preguntaba:
— Le veo peor que antes. ¿Ha seguido usted el tratamiento?
—No he podido...
—¿Entonces para qué viene aquí si no va a hacer lo que le digo? ¡Anda, váyase y vuelva cuando haya seguido mis instrucciones!
A veces el enfermo moría joven todavía y en la puerta del Cielo le preguntaban :
—¿Cómo es que has venido tan pronto? Te quedaban cuarenta años más de vida...
— ¿Y qué culpa tengo yo si el médico del seguro me ha enviado antes?
Afortunadamente, con la llegada de la Democracia, las normas cambiaron: los médicos debían ser amables y respetuosos, no podían tratar a los pacientes con tanto descaro.
Además, uno podía comer de todo, coger el coche e irse con la familia a comer al campo, cargado de sillas, nevera y tortillas de papas para pinchar algo mientras se hacía la paella. Incluso ir con la familia al restaurante y pedir gambas, jamón, cochinillo, corderitos...
Actualmente, aún se puede hacer todo eso, excepto en los supuestos siguientes:
Que cobres entre 1,300 y 1500 euros y tengas que dedicar el 90 % de tu salario a pagar una hipoteca o alquiler.
Que tengas un trabajo remunerado con el sueldo mínimo.
Que siendo un empleado bien pagado tengas que mantener a dos familias, la tuya y la de tu ex.
Que seas diabético.
Si no trabajas, podrás comer de todo, incluso permitirte ir de vacaciones en los siguientes casos:
Eres político en activo o jubilado, o ex presidente del Gobierno
Perteneces a la nobleza y pasas la vida asistiendo a fiestas y te mantienen por la cara.
Eres rico.
También puedes permitirte toda clase de lujos si:
Eres deportista, modelo o artista famoso
Perteneces a la clase media y disfrutas de un trabajo bien remunerado con más de 3000 euros mensuales.
Eres un profesional autónomo ( dentista, abogado o médico etc.) que cobras caro y desgravas todos los gastos.
Estás en el paro sin haber cotizado nunca: Te clasifican como persona vulnerable y te beneficias de una paguita, de 200 euros para el cubata de los chicos, una vivienda social con luz, agua y la basura gratis.
Sí, las cosas han cambiado, y seguirán cambiando en breve en todo el planeta.
© Juan Pan García 5 /12/ 2025