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domingo, septiembre 27, 2026

EL REGALO DE SÁNCHEZ AL REY



 ¡Buenos días, amig@s!

Acabo de recibir una llamada por Wassap  de  mi amigo Feliciano Gisbert, reportero acreditado en la ONU por el semanario francés “Le canard faché” comentando la grabación de la conversación entre la presidenta de Venezuela y Pedro Sánchez.

Feliciano, experto en lectura de labios, comparte conmigo la traducción del citado diálogo entre colegas:

Delcy Rodriguez:

—Mira, Pedrito, he encargado envíen en tu nombre un paquete de regalo para su majestad, el Rey de España.

— ¿Felipe VI?

— Bueno, sí, ese mismo, no recordaba su nombre.

—¿Y para qué le voy a regalar yo nada si él no me aprecia?

— Justamente por eso. Él valorará positivamente tu gesto de amistad.

—Vale, pero no quiero tener problemas.

 

Pedro Sánchez continuaba anoche  en Nueva York realizando entrevistas cuando el paquete entraba en la Zarzuela. El jefe de la Casa Real, extrañado al leer  el nombre del remitente, ordené abrir el paquete:

Un colorido loro, del tamaño que una paloma, apareció en una dorada jaula, estiró sus alas para desentumecer los músculos y comenzó a cantar:

— ¡Viva la república! Están invadiendo Ceuta y el rey no hace nada.

Todos  los presentes dieron un paso atrás desenfundando sus pistolas. Pero un asesor esclamó:

—¡Alto! No le matemos, nos pueden condenar por la Ley de Bienestar Animal.

—¡Pues encerradlo con las gallinas y los gallos, y que ellos cabane con él! — ordenó el jefe.

Y eso hicieron.

Llevaba el loro apenas una hora  en la nave de las gallinas cuando un precioso y colorido  gallo se acercó por detrás al venezolano y le puso la pata encima del lomo.

El loro dio un respingo, se apartó un metro del gallo y exclamó levantando su ala izquierda:

—¡ALTO AHI, NI UN PASO MÁS; YO SOY UN PRESO POLÍTICO, NO UN MARICÓN!

 

Estaba yo comentando con Feliciano si iba a publicar en prensa el artículo, cuando he escuchado un ruido raro y uno forcejeo. La línea se cortó. Yo no me fio de la policía de Trump. ¿Tendrán mis datos? A ver por qué este idiota me ha llamado por Wassap cuando sabe que las redes sociales son estadounidenses. ¡La madre que lo parió!

 

 

sábado, septiembre 12, 2026

El Secreto de la Fuente

 



Había una vez, en un lejano y umbrío bosque, una fuente de piedra gris de la que brotaba un hilo de agua tan puro y cristalino que las gentes la llamaban «la fuente de la verdad».

Un día de verano, un niño risueño y de mejillas sonrosadas llegó corriendo hasta el lugar. Fatigado por los juegos, se arrodilló sobre el musgo fresco y se inclinó para beber con el cuenco de sus manos. Al mirar el fondo de la fuente, vio reflejado su rostro infantil; pero justo a su lado, en el agua, apareció el reflejo de una anciana encorvada, de cabellos blancos como la nieve y rostro surcado por profundas arrugas. El niño, asustado, se volvió rápidamente para mirar a su alrededor, pero allí no había nadie. Estaba completamente solo. Extrañado y con el corazón palpitante, regresó a su pueblo.

Pasaron los años, las hojas de los otoños cayeron y el niño se convirtió en un hombre joven, recio y audaz. Un buen día, el destino lo llevó de nuevo por el sendero del bosque y sintió la misma sed de su infancia. Se acercó a la vieja fuente de piedra y volvió a inclinarse sobre el agua. Al mirar el fondo, su sorpresa fue mayúscula: la anciana seguía allí, reflejada en el fondo. Sin embargo, su rostro ya no se veía tan viejo. Sus arrugas se habían suavizado notablemente y sus ojos cansados brillaban ahora con una chispa de juventud, mientras que las facciones del propio muchacho reflejaban ya la madurez de la vida. El joven bebió en silencio, pensativo ante aquel misterio.

Volvieron a pasar las décadas. El joven se hizo hombre, formó una familia y, finalmente, el tiempo encaneció sus cabellos y debilitó sus piernas. Siendo ya un anciano venerable, volvió a caminar con paso lento por el sendero del bosque, apoyado en su bastón. Sintió la necesidad de despedirse de la fuente de su niñez.

Al llegar, se arrodilló con dificultad y miró el agua por última vez. En el fondo de la fuente cristalina vio, una vez más, el rostro de la anciana. Pero esta vez, al mirarla fijamente, el anciano sonrió con una profunda paz: las arrugas de la mujer y las suyas eran las mismas; sus cabellos blancos eran idénticos y sus miradas compartían la misma sabiduría del camino recorrido. Ambos rostros se parecían tanto que parecían uno solo.

Fue en ese instante cuando el anciano comprendió el gran misterio de la fuente. Aquella anciana no era un alma en pena ni un hada del bosque: era su propia vejez que lo había estado esperando desde el principio de su vida. Cuando era niño, su vejez estaba muy lejana y por eso la veía tan anciana; conforme él cumplía años y envejecía, su vejez se iba acercando a él, «rejuveneciendo» ante sus ojos, hasta que al final de la jornada, el niño de antaño y la anciana del agua se fundieron en el mismo y único reflejo del tiempo.


Este cuento era muy sencillo y corto. Yo lo he alargado un poco añadiendo algunas descripciones.

El autor del cuento impreso, que leí en la escuela, es anónimo, ya que se publicó durante la década de 1950 directamente bajo el sello y la firma de Saturnino Calleja (o de sus hijos, quienes continuaron expandiendo el catálogo de la Editorial Calleja  en las décadas posteriores).

La inmensa mayoría de estos relatos escolares de bolsillo no llevaban el nombre de un escritor individual.

lunes, agosto 24, 2026

LA HUIDA

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 Michelle era una joven estudiante parisina de 18 años, hija de

 Marcel y Jeannine, dueños de una tienda de televisores y

 consolas de música. Corría el año 1967 cuando la conocí en

 un concierto de Jacques Brel, celebrado en la sala Olympia

 de París. Otro día fuimos juntos al Palais des Sports para ver

 al Coro de cantos y danzas del Ejército Rojo, que estaba de

 gira por Europa.


Sus padres no me querían, yo era solo un obrero, y además,

 español;  poca cosa para su hija. Solo podíamos vernos a

 escondidas. Ellos vivían en la primera planta de una casa

 señorial de la Place Pigalle, cerca del cabaret Moulín Rouge.

 

Un día acordamos abandonar la ciudad y huir lejos, muy

 lejos, donde nadie pudiese hallarnos. La ocasión se presentó

 una noche en que el padre de mi amada le anunció que esa

 noche había invitado a su madre  a cenar fuera y después  a

 ver “El amor brujo” en el teatro  Chatelet.


 Ella me llamó a la empresa  por teléfono y quedamos en

 coger la linea 14 del metro Saint Denis-Pleyel a Orly y

 encontrarnos  en la salida del metro del  aeropuerto de Orly.

 Así lo hicimos, y tres horas más tarde circulábamos en taxi

 por Londres.  El resto de la noche la pasamos compartiendo

 cariño.

Al día siguiente, intuyendo que la policía averiguaría dónde

 habíamos sacado los billetes y sellado los pasaportes,  nos

 montamos en el primer autocar que salía de la estación en

 cuya cabecera anunciaba el destino: Stonehenge.


  El viaje duró noventa minutos y nos dejó en una explanada

 llena de turistas, que fotografiaban el extraño monumento

 construido cinco mil años antes. Nos quedamos  pasmados al

 conocer por el guía del grupo la historia de aquellas enormes

 piedras.


Terminada la visita la gente subió de nuevo al autocar, pero

 nosotros nos quedamos ocultos entre los numerosos turistas

  que habían llegado en otras expediciones. Luego caminamos

 hasta un restaurante cercano que habíamos visto desde el

 autocar  en la carretera  y desayunamos fuerte, como hacen

 los ingleses. Nos gustaba el lugar, todo verde y llano.

 Seguimos caminando hasta un pequeño pueblo y pasamos

 allí el día  mirando tiendas, edificios principales, y  jardines

 públicos.

Nos enteramos de que un día al año el sol atravesaba uno de los arcos del monumento, y que aquello tenía un significado muy importante para los antiguos pobladores de la zona. Sin pensarlo demasiado —no teníamos dinero para el hotel carísimo que nos habían recomendado en el restaurante— decidimos volver al monumento y quedarnos allí para presenciar el espectáculo.

Fue un atardecer maravilloso. Los bloques oscuros se recortaban, orgullosos, contra un horizonte de fuego que pintaba el cielo de tonos rojizos. Sentados en la hierba, mi espalda apoyada en una columna y ella recostada en mi regazo, contemplábamos el milagro de la naturaleza. Después, embriagados de cariño, hicimos el amor hasta que, vencidos, nos quedamos dormidos.

La luz del amanecer empezó a difuminar lentamente la negrura de la noche, resaltando a contraluz los pilares erguidos y los dinteles de granito. ¡Y entonces ocurrió!

 Desde donde estábamos vimos un rayo de sol atravesar un dintel, algo que solo sucede un día al año, y que no estaba previsto que ocurriera aquel día, porque de ser así la explanada estaría llena de turistas haciendo fotos. Al parecer, los dioses que custodian ese lugar se apiadaron de nosotros y nos concedieron el milagro.

Pero la felicidad del pobre nunca dura demasiado, y yo no iba a ser la excepción: justo cuando preparaba mi Canon, sonó el despertador.

¡La madre que me parió!

¡Todo había sido un sueño, maldita sea!, exclamé

 decepcionado.

Entonces vi mi cámara de fotos en la mesita de noche, una

 lucecita parpadeaba: estaba conectada y presta a disparar.

¡Las fotos estaban allí!

 

©Juan Pan García. 

 

 


 

 

 

jueves, agosto 06, 2026

LA QUÍMICA DEL AMOR

 


No sabía cómo conquistarla,  ella era hermosa, joven  y amable. Me mostraba respeto, pero nunca accedió a recibir un solo beso.

“Falta  química entre ustedes para que surja la atracción y el amor”, me dijo un ángel en sueños.

Y entré furtivamente  en un laboratorio y me bebí todos los brebajes que guardaban en los tarros.

Ahora soy más fuerte, más activo, más inteligente, más... viejo, más adicto al sexo. Pero a ella... ¡No he podido amarla!

De hecho, no he podido amar a ninguna, ¡putos tarros de pócimas! Follo menos que los leones de Las Cortes.

 

Juan Pan García. 6/8/26

“CRÍA CUERVOS Y TE SACARÁN LOS OJOS”

 


 Ante la inesperada y escandalosa invasion de Ceuta por miles de marroquíes, problema  que se ha solucionado sin derramamiento de sangre, Finlandia se une a los 21 países liderados por Italia,  que exigen la salida de España del espacio Schengen.

¡Precisamente Finlandia!

 El Presidente del Gobierno asistió el 7 de julio pasado a la Cumbre de la OTAN. donde se pedía un esfuerzo a los países miembros para enviar a Finlandia  tropas y equipos para defender a los países bálticos de un posible ataque o  invasión. España, a pesar de las destrucción causada por los incendios e inundaciones, que habrá que reconstruir, firmó el acuerdo  y enviará un contigente militar a Finlandia.

Para defender Ceuta y Melilla, que son la Frontera Sur de la Unión Europea y de la OTAN, nadie   acude en ayuda de España enviando tropas ni navíos,   al contrario: la amenazan con echarla de sus organizaciones, cumpliendo el deseo de Donald Trump y de sus discípulos españoles y demás europeos.

Cuando despertaremos y nos daremos cuenta  de que  un  lobo no puede ser nombrado guardian de ovejas.

Juan Pan García 3/8/26

 

decision de españa en la Cumbre de la OTAN en Ankara - Búsqueda

martes, julio 28, 2026

YO, PRESIDENTE


 

 Aquella tarde flotaba en el aire mucha expectación en la sala del Colectivo Cultural Rafael Alberti: el poeta abandonaba su exilio y  llegaba a Sevilla. El tema a debatir era  enviar una delegación al aeropuerto para recibirle.

 

 Nos hallábamos  en la primera planta de la sede del Partido Comunista, en la calle Larga , número 50 de El Puerto de Santa María.

El Colectivo Cultural Rafael Alberti,  del cual yo era el Presidente, era un pomposo nombre para un grupo que sólo se componía de seis o siete socios, los mismos que estábamos reunidos aquella tarde, todos sindicalistas y afiliados a Izquierda Unida.

  Durante dos años, el Colectivo mantuvo correspondencia con Alberti, quien nos puso al corriente de su próxima vuelta a España. Nos  dedicamos a promocionar la obra del poeta, dando charlas, trayendo a conferenciantes para hablar de diversos e interesantes  temas de actualidad.

Más de una vez, hubimos de agasajar al invitado para quitarle el amargo sabor de encontrarse la sala vacía, pues, aparte de la ejecutiva del Colectivo, nadie acudía a las conferencias. Pero aunque todo eso nos costaba dinero de nuestros bolsillos no había problema: con las subvenciones que anualmente concedía el Ayuntamiento, lo recuperaríamos. Para conseguirlas, sólo necesitábamos presentar un programa  anual de actividades y posteriormente las facturas derivadas del mismo.

El  primer problema surgió cuando debíamos elegir a los dos miembros del Colectivo que debían viajar a recibir al insigne poeta al aeropuerto a su regreso a El Puerto al finalizar su exilio. Lo lógico era que fuese yo como Presidente, pero rápidamente se abrogaron el derecho, por su mayor antigüedad, un socio que era empleado del Ayuntamiento en el mantenimiento de parques y jardines y la secretaria del grupo, su amante.

Para ello demostraron sus amplios conocimientos de la obra de Alberti, del cual eran, al decir de ellos, sus más fieles seguidores.

Yo, la verdad, aparte de unas cuantas poesías y de lo que había leído del poeta durante la Guerra Civil en la biografía de Miguel Hernández, al cual despreciaban todos los famosos de su época, exceptuando a Neruda que creía en él y lo ayudaba, no sabía nada de Alberti.

 Además, mi nombramiento como Presidente había sido accidental: debíamos elegir nuevo Presidente y Secretario y nadie se presentaba. El anterior dimitió un mes antes porque había sido elegido concejal del partido Comunista y no quería que su firma apareciera en la solicitud de las subvenciones; pero en realidad era él quien seguía dirigiendo el grupo. Y fue él quien propuso que fueran la pareja de amantes a recibir a Alberti.

 

— Tú ya te beneficias de las entradas gratis al teatro, a los conciertos y corridas de toros que envía el Ayuntamiento a  todos los presidentes de entidades socioculturales. No quieras abarcarlo todo — me dijo.

 

Era cierto. Al igual que a los presidentes de todas las asociaciones culturales y vecinales, el Ayuntamiento me había enviado entradas a dos conciertos de la Orquesta Filarmónica de Sevilla, a la obra "El hombre deshabitado" de Alberti, y a dos corridas de toros. A éstas  nunca fui ni permití que nadie fuera en mi lugar: rompí las entradas  en el acto lo cual levantó ampollas en el grupo. Yo no podía apoyar una fiesta que detesto; animales merecen respeto.

 

El segundo problema llegó a la vuelta del viaje: nuestra delegada, adelantándose a su amante,  recibió en nombre del Colectivo a Rafael Alberti y el poeta le obsequió con un ejemplar de La arboleda perdida, firmado y dedicado a su nombre.

Yo le dije que el libro pertenecía al Colectivo Cultural Rafael Alberti, a quien ella representaba y  era el que corría con los gastos del viaje.

—Mira, compañera: si no hubiera sido porque ibas en nombre del Colectivo, el poeta Alberti no te hubiera atendido. Es lógico que el libro se quede en la biblioteca del grupo que te ha enviado y abonado el coste del viaje, ¿no te parece?

 — El libro me lo ha regalado a mí, como demuestra la dedicatoria.

 Y se quedó con el libro.

 

El tercer problema, y el último para mí como Presidente, fue la exigencia por parte del concejal y el resto del Colectivo de que yo estampase mi firma en una factura de una actividad que no habíamos realizado para poder cobrar la subvención. Me negué rotundamente, y ante la insistencia de ellos porque se acababa el plazo para reclamar ante el ayuntamiento, dimití y abandoné el colectivo.

 

Cuando Alberti llegó a El Puerto, tras muchos años de exilio, fue recibido y acaparado por las autoridades. Le procuraron un chalet en Las Viñas, una urbanización cercana a Valdelagrana, y fue numerosas veces galardonado, siendo el reclamo de numerosos actos del Ayuntamiento. A veces, aun agotado y sin poder tenerse en pie, le obligaban a asistir a actos oficiales, como la presentación de la Feria de Primavera.

Nunca tuvo tiempo para visitar al Colectivo que tanto tiempo le había dedicado. Fue la razón, creo yo, de que éste desapareciera.

 

Juan Pan García, 28 de julio de 2026.

lunes, julio 20, 2026

DEJAD QUE EL NIÑO SE ACERQUE VOSOTROS, CAMPEONES

 


La felicidad lo perdona todo. Ya lo dijo el apóstol Pablo:
"El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta..."
Y la Selección Española hubo de demostrar su nobleza durante la final del Mundial de Fútbol, soportando, además de patadas, empujones y golpes y apretones en el cuello durante y después del partido, la actitud infantil de Donald Trump, el hombre más poderoso del mundo, cuyo patético ego le incapacita para dirigir a su país.

Lo quería todo:
1º El honor de celebrar en los EE. UU. la celebración del campeonato mundial del deporte más seguido y practicado en el mundo, el Fútbol.

2º Llevarse todos los méritos, incluso los premios y, sobre todo, salir en todos los medios audio visuales junto a los ganadores como si fuese su equipo.

Varias veces su vasallo – amigo, Giovanni Vincenzo Infantino, tuvo que ayudarle a entender que su misión era la de presidir el partido, nada más, y que ya le había permitido compartir la entrega de los premios y colgar las medallas a los jugadores...

Pero no, el presidente quería, además, salir en las fotos alzando el trofeo y, si pudiera ser, llevárselo a la Sala Oval.

La verdad es que Infantino, muy preocupado al saberse observado en todas las televisiones del mundo y, viendo la cara de disgusto de los jugadores por la intrusión de Trump, intentaba trasladarles con la mirada angustiada que no tuvieran en cuenta la cabezonería del presidente: “Es como un chiquillo”.

Sí, amig@s, fue duro; pero la ganamos.



sábado, mayo 30, 2026

LOS VIGILANTES DE PLAYAS

 





¡Buenos días, amig@s!

El día 1 de junio comienza la temporada de playas. Será muy agradable observar el trabajo de los vigilantes de seguridad, tan necesarios en estos tiempos de mares revueltos incluso en el interior del país.

Espero que el Ayuntamiento contrate a personal profesional y experimentado y no coloque a dedo a sus amiguetes, como hacen algunos políticos. Porque luego, al cabo de meses y años, llegan los registros de sedes y domicilios que ponen las cartas bocarriba.

El año pasado, por ejemplo, estuve veraneando en una conocida ciudad donde había dos torres de salvamento dividiéndose los dos kilómetros de playa. En una mandaba un joven esbelto pero musculoso, alto, con ojos azules quien, en los tres meses de verano, sacó del agua a cinco personas.

La otra torre apenas se ocupó, pues la vigilante, una joven licenciada en Socorrismo, no tenía tiempo de subir a ella y pasaba el día en el agua. Sacaba diariamente una media de 12 hombres ahogados, algunos se ahogaban hasta tres veces al día.

La joven se preguntaba dónde estaba la Igualdad tantas veces predicada en los medios. ¡Y cobraba menos sueldo que su colega!
Pues eso, cuidaos bien y atentos siempre al color de las banderas.
La foto es de internet, desconozco al autor. Seguramente uno de los ex ahogados