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jueves, marzo 05, 2026

CUANDO UN AMIGO SE VA...

 

 


 Hoy no tengo ganas de nada, he dormido mal. Carmen, igual.

Estoy preocupado, muy preocupado por la mala situación que en mi casa atravesamos.

Y no es por causa  del irresponsable y genocida Trump, ni por la sumisión  de los países convertidos en  palanganeros.

No es por causa económica: mi pensión  es escasa; pero me apaño: el piso es mío, los muebles míos, las  deudas mías, (Este año, en noviembre, terminaré de pagar el colchón que compré en “La Tienda en casa” cuando nos casamos en 1970).

Pero estoy muy deprimido porque desde hace unos días  veo como disminuye el vigor de mi entrañable amigo inquilino. Su tristeza aumenta a diario, así como mengua su otrora deslumbrante figura, de la cual me enamoré nada más verla. Tan solo diez minutos tardé  en decidir que debía compartir con él mi vida y vivir juntos instantes inolvidables.

 Lo cogí del brazo y me lo traje a casa. Cada día me gustaba más. Cada día lo necesitaba más y esperaba ansioso el amanecer para levantarme y hacerle alguna caricia. Me  volvía loco introducir su miembro en mi boca, chasquear mi lengua  y paladearlo sin prisas. Ambos solos. frente a frente...

Ahora no lo reconozco, se ha quedado en los huesos, ¡y no sé por qué, yo lo he mimado, lo he tratado con cariño y esmero!

Al médico no le llevo, Ya lo conozco bien: va a querer que se lo deje en observación  unos días para decirme después: “Hice todo lo que pude, pero se me fue de las manos y lo perdí”.

Mejor será buscar soluciones en la IA de Google. Esa es noble y leal. No falla. Ni folla. En algo nos parecemos.

Así que no me queda más remedio que armarme de paciencia y ocultar mi pena para que el no se dé cuenta de que sus dís están contados. No creo que dure más de 48 horas.

¡Pobre mío, con lo que bien que lo hemos pasado juntos!

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