¡ Buenas tardes, amig@s!
Hoy he cumplido con una obligación legal y un deber ciudadano: la declaración de la renta. Una obligación legal porque así está legislado y el no hacerlo trae consecuencias. Aunque yo no estoy obligado, porque no llego al límite que obliga a hacerla, pero mis ingresos provienen de tres pagadores y debo declarar.
Un deber, porque es el compromiso solidario ciudadano para sostener el estado de bienestar, asumiendo los costes públicos de la educación, la sanidad, la justicia, las carreteras , aeropuertos, ferrocarriles, puertos y las fuerzas de seguridad.
Todo ciudadano que se beneficie de estos servicios debería estar orgulloso de contribuir a su mantenimiento; sin embargo, mucha gente , y no precisamente los trabajadores sujetos a una nómina, sino las clases medias-altas y altísimas los que evitan declarar íntegramente sus ingresos. Entre estos se hallan dentistas, médicos, talleres varios y empresas de servicios, que no dan factura,
La verdad es que cuando uno se entera de que la presidenta de una Comunidad se va a pasar varios días en otro país para promocionarse a costa de los impuestos; cuando un ministro se regala orgías en hoteles o en “picaderos de lujo”, con señoritas de compañía; cuando bajo el tema de asistir a una conferencia va una ministra a Nueva York a ver un concierto; cuando el presidente de un partido desvía dinero de la subvención a su partido a su cuenta particular o a su Fundación; cuando oye en las Noticias que un partido retiene las donaciones recaudadas para ayudar a las víctimas de la Dana... La verdad es que en tales casos uno siente rabia e impotencia, se siente utilizado para cosas privadas, no públicas, y piensa en defraudar.
En fin: “Todo lo que sube, baja.” Los que están arriba y no cumplen, ¡ya pagarán! Lo importante es solidarizarse con millones de otros ciudadanos que sí cumplen para mantener el estado de bienestar, que poco a poco se va deteriorando. ¡Las urnas nos esperan!

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