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lunes, julio 20, 2026

DEJAD QUE EL NIÑO SE ACERQUE VOSOTROS, CAMPEONES

 


La felicidad lo perdona todo. Ya lo dijo el apóstol Pablo:
"El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta..."
Y la Selección Española hubo de demostrar su nobleza durante la final del Mundial de Fútbol, soportando, además de patadas, empujones y golpes y apretones en el cuello durante y después del partido, la actitud infantil de Donald Trump, el hombre más poderoso del mundo, cuyo patético ego le incapacita para dirigir a su país.

Lo quería todo:
1º El honor de celebrar en los EE. UU. la celebración del campeonato mundial del deporte más seguido y practicado en el mundo, el Fútbol.

2º Llevarse todos los méritos, incluso los premios y, sobre todo, salir en todos los medios audio visuales junto a los ganadores como si fuese su equipo.

Varias veces su vasallo – amigo, Giovanni Vincenzo Infantino, tuvo que ayudarle a entender que su misión era la de presidir el partido, nada más, y que ya le había permitido compartir la entrega de los premios y colgar las medallas a los jugadores...

Pero no, el presidente quería, además, salir en las fotos alzando el trofeo y, si pudiera ser, llevárselo a la Sala Oval.

La verdad es que Infantino, muy preocupado al saberse observado en todas las televisiones del mundo y, viendo la cara de disgusto de los jugadores por la intrusión de Trump, intentaba trasladarles con la mirada angustiada que no tuvieran en cuenta la cabezonería del presidente: “Es como un chiquillo”.

Sí, amig@s, fue duro; pero la ganamos.



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