No sabía cómo conquistarla, ella era hermosa, joven y amable. Me mostraba respeto, pero nunca accedió a recibir un solo beso.
“Falta química entre ustedes para que surja la atracción y el amor”, me dijo un ángel en sueños.
Y entré furtivamente en un laboratorio y me bebí todos los brebajes que guardaban en los tarros.
Ahora soy más fuerte, más activo, más inteligente, más... viejo, más adicto al sexo. Pero a ella... ¡No he podido amarla!
De hecho, no he podido amar a ninguna, ¡putos tarros de pócimas! Follo menos que los leones de Las Cortes.
Juan Pan García. 6/8/26

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