Caminaba el anciano por el angosto sendero que le conducía al último refugio y antes de entrar en una cueva para pasar la noche al borde del camino, miró hacia atrás para ver el trayecto recorrido.
Una intensa bruma oscura le impedía ver el paisaje. Todo eran sombras.
Cerró los ojos y miró en su interior para descubrir lo que las sombras le ocultaban. Vio como un video se ponía en marcha y le mostraba su vida desde el inicio: Todo habían sido desgracias y sufrimientos. Su carácter se había forjado duro y desconfiado a causa de lo vivido.
Siempre discriminado y duramente castigado por ser como era, ponía en tela de juicio hasta los sentimientos más genuinos de sus amigos, quienes, debido a eso, paulatinamente le abandonaron.
Ahora estaba solo.
Su camino llegaba a su fin y no tenía el calor de nadie.
De nada le había servido dar muestras de cambio y arrepentimiento. De nada había servido escuchar su corazón y hacer cambios en su forma de ver y entender las cosas. El ser humano es complicado para un ser tan débil y sensible como él, un incomprendido.
Una lágrima brotó de sus ojos y bajó por sus mejillas, tintineó brevemente en su mentón y cayó al suelo.
La voz de la Sombra maldita, tronó dentro de la cueva, eufórica, celebrando su triunfo: ¡ He ganado, te atrapé en tus comienzos y te llevo conmigo a los infiernos!
Buena versión de la Cueva del filosofo Platon y sus sombras en tu manera directa.
ResponderEliminarPensé que habías cambiado el blog al otro formato.
Besosss
Mi corazón está con él.
ResponderEliminarQuizás porque mi camino también ha sido muy duro.
Seguro que acabaré de forma parecida.
Saludos.
Drástica la historia Juan.
ResponderEliminarel anciano perderá la vida solo, que triste.
un gusto leerte mario
Marian, gran honor me haces al relacionar este humilde relato, surgido espontáneamente con la complejidad de la leyenda de la Cueva de Platón. La foto la bajé de Internet sin saber a qué correspondía. Sólo buscaba una imagen de anciando dentro de una cueva para ilustrar mi relato.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu visita y amables palabras. Un beso
En tal caso, seremos dos los que acabaremos así, Toro Salvaje: tú y yo. Gracias por venir. Saludos
ResponderEliminarAsí es, amigo Mario. La soledad es triste. Millones de personas se sienten solos aunque le acompañe lña familia. Un abrazo. Me alegro de tu vuelta.
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