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Ayer, día 28 de septiembre, fui a la emisora municipal de Arcos de la Frontera a grabar la mejor entrevista que me han hecho en mi vida. Es una grabación para el programa “Nostalgia bajo la Luna”, que se emite desde las 23´15 hasta altas horas de la madrugada.
No sé cuándo se transmitirá la entrevista, porque ahora comienza la Feria de San Miguel, patrón de la ciudad y la emisora se traslada al recinto ferial, donde pasará las 24 horas del día retransmitiendo en directo todos los actos. Era prácticamente imposible encontrar aparcamiento en el centro urbano y, después de intentarlo dando varias vueltas, me vi obligado a dejar mi coche en el aparcamiento municipal subterráneo. La emisora se halla en la primera planta de una coqueta casita ubicada en un lugar privilegiado en la cima de la peña, con vistas únicas sobre el precipicio que limita a la ciudad.
Al entrar fui recibido por D. Manuel Téllez, director de la emisora. Me presentó a María José, la locutora que me había entrevistado el mes pasado por teléfono, y a otros cuatro empleados de la empresa.
Seguidamente entré en la sala de grabaciones y me encerré en ella con don Manuel.
La mesa estaba llena de objetos curiosos, apenas un sitio libre donde posar los brazos. Son recuerdos de viajes a lugares exóticos que lucen sobre la mesa con el fin de relajar a los visitantes. El sonido de un chorrito de agua cayendo sobre el estanque de una fuente en miniatura oculta tras otros objetos contribuía a lograrlo.
Tras un breve intercambio de impresiones y comentarios sobre la actualidad, comenzó la entrevista. Y la oposición de mis nervios. Hablé sobre mi infancia, de la época escolar, el bachillerato y el abandono final de los estudios. Cuento algunas cosas íntimas de mi familia. Hablo de mi primer empleo, de las personas que me ayudaron y de mi emigración. De cómo germinó en mí el deseo de escribir, convirtiendo mis recuerdos infantiles en una novela, y cómo la llevé a cabo.
Durante la entrevista leí un par de relatos y dos poemas. De la novela, hablo de un hombre que formaba parte del grupo de los maquis, era poeta, y mientras estuvo escondido en la sierra le escribía poemas a su esposa en un cuaderno. Años antes, cuando fueron los guardias a buscarlo a su casa, él salió por la ventana y se escapó por los tejados. Atrás dejó a su esposa embarazada y a punto de alumbrar, y eso le consumía poco a poco.
Su esposa leyó el cuaderno cuando le trajeron sus objetos personales, tras haber sido fusilado. El suyo es uno de los poemas que leo en la entrevista.
Opino sobre Internet, de las amistades que se hacen, de los blogs y de los aportes literarios que encontramos en ellos.
Al finalizar, don Manuel me regaló un libro de la emisora, publicado con motivo del XXV aniversario de su fundación. Puse mi firma en el libro de visitas, dejando constancia de mi agradecimiento por la entrevista y por el trato exquisito recibido por parte de todos los componentes de Radio Arcos.
En el libro se encuentran, entre otras, las entrevistas realizadas a personajes políticos: Narcís Serra, Luis Rejón, Carmen Romero, Manuel Chaves, Pepa Caro, Julio Anguita... Cantantes: Dolores Abril y Juanito Valderrama, Chiquetete, Los Romeros de la Puebla, Niña Pastori, Jesulín de Ubrique... Personajes famosos:Los Morancos, Luis del Olmo, Manolo Santana, Rocío Carrasco...
En la entrevista saludo a much@s amig@s de los que me acompañan en este deambular virtual. Alguno se me habrá olvidado debido a los nervios del momento, espero no me lo tome a mal.
Nos encerramos en la sala a las 11´30 y salimos a las 15 horas. Para entonces, ya no hacía falta emisora ni antena ni nada: mi cabeza lo retransmitía todo mientras caminaba hacia el aparcamiento para recoger el coche.
Don Manuel me esperaba en su coche a la salida y me invitó a comer en el restaurante Voy Voy, donde se come un menú de lujo por siete euros. El que no viene a Arcos, no sabe lo que se pierde.
Fue una experiencia inolvidable para mí, que espero se repita con motivo de la publicación de otra de mis novelas. Desde aquí agradezco a D. Manuel y al equipo de Radio Arcos todas sus atenciones.
Una pequeña aldea había crecido en torno al campamento. En ella vivían los técnicos que trabajaban en la refinería antigua; los trabajadores sudafricanos que habían venido de otras provincias para construir la nueva vivían en caravanas apiñadas en un camping cercano.
La primera vez que vi el lugar de trabajo me quedé asombrado ante la cantidad de obras que se realizaban al mismo tiempo en aquella inmensa llanura: una central termoeléctrica, una refinería, una enorme cinta transportadora de tres kilómetros, la planta de transformación de residuos químicos, cientos de depósitos de almacenamiento de combustible, y una gruesa tubería que llevaba el combustible producido hasta ellos. Se calculaba en veinticuatro mil personas las que trabajaban en el proyecto SasolThree.
Dado que no existía petróleo en Sudáfrica y que los países democráticos mostraban su oposición a la política del Apartheid bloqueando sus intercambios comerciales, el Gobierno sudafricano, consciente de su riqueza y despreciando a todo el mundo, se autoabastecía de carburantes usando la tecnología que inventaron los científicos alemanes Fischery Tropsch en los años 20, usada por Hitler en la segunda Guerra Mundial, que consiste en extraer dióxido y monóxido de carbono y metano del carbón, un mineralinagotable en el país, para convertirlo en carburante sintético para los automóviles.
El carbón extraído en las entrañas de la tierra emergía de la boca de la mina sobre una cinta transportadora que se elevaba cien metros en el aire y lo dejaba caer en un molino que lo trituraba y convertía en polvo; de ahí pasaba a la planta de transformación química, donde por medio del empleo del calor y posterior enfriamiento de los gases condensados, destilaban el precioso líquido negro, que tras haber pasado por la refinería era conducido hasta las gasolineras distribuidas por todo el territorio.
Pero la producción de SasolTwo no era suficiente para alimentar los vehículos de una nación que poseía una de las rentas percápita más altas del mundo—un país donde cuatro millones de blancos vivían en un paraíso rodeado de más de treinta millones de sirvientes negros—, yse racionaba el carburante: los fines de semana no habrían las gasolineras.
Para acabar con esas deficiencias, el Gobierno aprobó el proyecto SasolThree: la construcción de una refinería gemela enfrente de la primera, a un kilómetro de distancia, dejando el espacio entre ellas para la línea de tuberías que conducirían los gases y combustiblesproducidos en ambas a los depósitos de carga.
La sección del proyecto que me asignaron fue la construcción de un oleoducto que comunicase SasolTwo, la refinería antigua en actividad, con la futura SasolThree por medio de una tubería de 42 pulgadas de diámetro. Mi grupo se componía decatorce hombres en total: un americano de Texas apunto de jubilarse, que supervisabael trabajo; el encargado español — un enchufado de Huelva que no tenía idea de soldaduras nigaseoductos; pero que hablaba inglés perfectamente y figuraba como intérprete—, cuatro tuberos, cuatro soldadores, y dos controladores de calidad: Iñaki y yo.
El coche que cada día nos conducía hasta la planta industrialavanzaba por una carretera gris que habían construido mezclando tierra con cemento y regándola antes decompactarla con enormes apisonadoras. En la refinería no usaban alquitrán para las carreteras, lo aprovechaban todo para producir carburantes.
Nos deteníamosen la entrada de la refinería. Ésta tenía el aspecto de un campo de concentración: el perímetro estaba rodeado por una alambrada, y en la carretera había un puesto de guardia donde una docena de militares apuntaban con sus armas al vehículo mientras un oficial se plantaba delante con el brazo alzado y dando voces.
Mientras el oficial pedía los documentos al conductor los soldados nos ordenaban descender del vehículo yponernos en fila para comprobar nuestros documentos uno a uno. Esta operación se repetía cuantas veces atravesáramos la puerta del control en un sentido o en otro. De forma que si un día necesitásemos salir para hacer encargos o ir al laboratorio diez veces, pues diez veces nos obligaban a descender del vehículo para revisar documentos y maletero.
Llevaría algo más de un mes trabajando en aquel lugar cuando nos enteramos de que un encargado que se dirigía con quince electricistas en un camión a reparar una avería que había dejado media planta sin corriente se puso furioso al ser obligado a pasar el control por cuarta vez en el mismo día y protestó airadamente ante el oficial que estaba al mando. Los guardias se lo llevaron a empujones al interior del cuartelillo y ya no lo volvimos a ver. Sus compañeros dieron la voz de alarma por toda la factoría.
Aquella noche hicimos una asamblea en el campamento y pedimos a la empresa información sobre el compañero, decididos a no volver al trabajo si no aparecía. Entonces nos dijeron que lo habían enviado a España por insultar a los soldados. Un compañero de Burgos tomó la palabra y explicó que desde el inicio de la obra se habían dado ya varios casos deespañoles humillados y maltratados. Tras un intenso cruce de acusacionesentre el representante de la empresa y nosotros, decidimos por mayoría no acudir a trabajar y regresar a España. Al día siguiente ningún español fuea trabajar.
La dirección de la empresa, muy preocupada por el cariz que estaban tomando las cosas, se reunió con nosotros en el campamento y nos dijo que los soldados cumplían con su deber, pues se habíanproducidograves atentados terroristas en la refinería antes de nuestra llegada y, precisamente por eso, el Gobierno había traído mano de obra especializada extranjera: no se fiaba de los nativos. Ni de nadie.
Nos recordó el discurso que hizo el jefe de Seguridad y que todos aceptamos a la llegada: No meterse en política; obedecer las normas y ocuparse de realizar el trabajo para regresar a casa cuanto antes con el contrato ganado.
Nos dijo quela obra en la refinería antigua estaba a punto de finalizar, y luego comenzaríamos la más importante: SasolThree, la que nos daría trabajo durante un par de años más. “Sería una pena que la perdiésemos por el acaloramiento de un hombre que no era la primera vez que pasaba por el controlde aquella entrada y sabía lo que sucedía”, concluyó.
Y la solidaridad cedió ante el egoísmo.
La reunión acabó en una desbandada de hombres corriendo a sus puestos de trabajo, temerosos de perder un jugoso contrato que les mantendría ocupados mientras en España la situación empeoraba y se oían ruidos de sables.
No había subido nunca en avión y al hacerlo aquel día frío de enero de 1981 sentí un poco de ansiedad. Me senté junto a un matrimonio portugués que a los pocos minutos me dijo residía en Johannesburg, tras haber abandonado sus propiedades en Mozambique acuciado por los fusiles de unos niños-soldados.Salimos a las seis de la tarde, ya oscuro, y a las siete nos trajeron la cena; luego proyectaron la película Xanadú y al poco aterrizamos en Kinsasa para respostar. Para entonces ya me había habituado al avión y paseaba por el pasillo para charlar con unos y con otros
Este soy yo, bueno: era yo Esas chicas tan hermosas que salían siempre en las películas como azafatas debieron confundirse de vuelo, pues las que me acompañaban tenían todas más de cuarenta años, eran poco agraciadas y mostraban un agrio carácter.Más que azafatas de vuelo parecían monjas maduras de hospital.Estaba amaneciendo cuando llegamos a Joannesburgo. Pasamos en fila ante los guardias, que nos dieron unos impresos para rellenar, nos revisaron nuestras maletas y requisaron todas las revistas Interviú porque mostraban desnudos. Dos horas más tarde, rodaba en taxi dirección a Secunda Amanecer en Johannesburg Al llegar a Sasol, rellené una ficha y me entregaron la llave del barracón en que estaba ubicada mi habitación.Al siguiente día había reunión para todos los españoles que habíamos llegado en los primeros días del año 1981 en un gran salón donde un español nos traducía simultáneamente el mensaje de bienvenida del director de FLÚOR,el holding americano que dirigía los trabajos, y el discurso del responsable de la Seguridad en la Refinería:Prohibido hablar con negros y mestizos, salvo para ordenar alguna cosa; nada de confraternizar ni de saludos o expresiones amistosas.Obligación de llevar el documento de identidad con la foto muy visible colgado en el pecho.Obligación de firmar un documento exonerando de responsabilidad a la empresa cada vez que se abandonara la protección del campamento para ir a visitar pueblos y ciudades.Bajo penas de expulsión del país, estaba prohibido expresar opiniones políticas contrarias al Aparteid. Totalmente prohibidas las huelgas. Debíamos mentalizarnos de que veníamos a trabajar, no a cambiar el mundo. Me tocó por vecino en el mismo barracón un gallego de Orense. Ocupaba una habitacón situada frente a la mía. Al parecer no había salido nunca de su ciudad, siempre había estado junto a su familia, y sentía nostalgia tras llevar dos meses en Sasol, porque aquella misma noche, totalmente borracho, la pasó llorando y aporreando las puertas de todas las habitaciones diciendo que quería regresar a España. La primera sorpresa que me llevé fue comprobar que allí no oscurecía nunca: una antorcha de más de doscientos metros de altura, ubicada a un kilómetro dentro de los terrenos de la factoría, lanzaba una llama enorme e iluminaba un radio de tres kms como si fuese de día, por lo que tuve que vivir siempre con las persianas echadas y las ventana cerradas para amortiguar el intenso olor a gasolina y gases quemados que inundaba el campamento. La luz de la antorcha podía verse de noche a sesenta kms de distancia.Los ingleses tenían la maldita costumbre de poner a las cinco de la mañana el desayuno, porque a las seis salían los camiones y furgonetas para llevar al personal hasta la obra, ubicada a cinco kms del campamento. Pero antes de entrar en la refinería todos, desde el ingeniero hasta el peón, debían pasar un control militar. La segunda sorpresa fue el horario de comidas: a las cinco de la mañana en vez de un desayuno servían la comida fuerte, lo que en España se come al medio día; a las diez se paraba el trabajo: la hora del té, una tradición inglesa sagrada. Lo tomaban con un dulce y una fruta (los españoles bebíamos cerveza con el bocadillo); a las doce una fruta y un dulce; a las tres de la tarde de nuevo el té, y a las seis, ya de regreso en el campamento, comenzaban a servir la cena. Saliamos del comedor aún medio dormidos y en la puerta nos entregaban una bolsa que contenía una pieza de fruta, un dulce y una pequeña lata de conservas. Los ingleses se habían provisto de un termo y se llevaban su té para la jornada. Miguel Echevarría, un guipuzcoano perspicaz —que fue de los primeros en llegar cuando comenzaron los trabajos y luego lo expulsaron por trabajar ebrio y provocar un accidente mortal y se había quedado a vivir en un carromato con una mujer sudafricana bellísima, abandonando a su familia en España—, tuvo la feliz idea de dedicarse a vender bocadillos de tortillas de patatas a dos Rands a la puerta del campamento.(Un Rand,en el año 1981, equivalía a 1´10 dólares)En un rato, el tiempo de salir del comedor y dirigirse a los transportes, Miguel ganaba lo que nosotros en todo el día, pues a casi ningún español (éramos casi 300) agradaba la comida inglesa aunque fuese gratis (le echaban mermelada a la carne a la brasa, y la guarnición de guisantes tenía suficiente picante como para abastecer a todo un continente), y preferíamos comprarle bocadillos de tortilla de patatas, de atún o chorizo. El chaval lucía una nariz aplastada y presumía de haber sido boxeador y sparring de Urtain
Mi viaje a Sudáfrica se originó en 1979 en la Central Nuclear de Cofrentes, (Valencia). Consciente de la elevada cualificación profesional exigida en los trabajadores que construían la central, llegó un día al hotel de ese pueblo un ingeniero en busca de soldadores y tuberos para realizar un trabajo en Sudáfrica.
El sueldo que ofrecía era el doble del que ganábamos en la central, que era muy alto, y además teníamos los gastos de manutención y alojamiento pagados. Una cláusula estipulaba que cada seis meses teníamos derecho a una paga extra de trescientas mil pesetas y a disfrutar de un mes de vacaciones en España con los gastos de viajes a cargo de la empresa. En cambio, aquél que solicitara el regreso antes de los seis meses, se le descontaría de la liquidación el precio de los viajes y una indemnización porlos gastos ocasionados en su contratación.
Al principio la gente no estaba por la labor, habida cuenta de que en Cofrentes lo ganábamos bien y estábamos en España, cerca de la familia, a la que veíamos cada fin de semana. De Sudáfrica nos llegaban los ecos del Apartheid, y el ambiente de preguerra que se respiraba ante tanto atentado independentista. La mayoría de los trabajadores de Cofrentes preferíamos ganar menos y quedarnos en nuestro país.
Pero siempre surgen intrépidos dispuestos a ir adonde sea, y una primera expedición se organizó a los pocos meses de la visita del ingeniero. El resto nos quedamos en la central, a la espera de saber cómo les iba a los aventureros.
El primer requisito era ir a Madrid y pasar unos exámenes prácticos para homologar a los soldadores. La prueba se realizaba en el Instituto Politécnico Virgen de la Paloma, y consistía en unir, empleando electrodos celulósicos, tres tubos en diferentes posiciones, que luego eran radiografiados y sometidos a diversos procedimientos en el laboratorio para comprobar la calidad y resistencia de la soldadura efectuada.
Como sucede en todos los montajes industriales, en la central de Cofrentes aparecieron los bocazas de siempre, que presumían de ser expertos en esa clase de electrodos y de tener un armario lleno de esas homologaciones, fruto de sus numerosos años de experiencias laborales en plataformas petrolíferas y gaseoductos por todo el mundo. Estos aconsejaban a los no iniciados en ese material que no fuesen a hacer la prueba para no hacer el ridículo y ahorrarse el viaje.
Eso fue lo que me desmotivó a presentarme en la primera expedición, pues yo hacía tiempo que había dejado la soldadura y me dedicaba a controlar las que hacían los demás. Pero cuando finalizó mi contrato en Cofrentes, me fui a ver la empresa que contrataba para Sudáfrica.
Las oficinas estaban en la calle Padre Damián, pegada al estadio Bernabeu. En la puerta me encontré con un nutrido grupo de compañeros de la central nuclear, entre ellos varios de los supuestos experimentados. Quedamos citados para la semana siguiente en el Instituto Politécnico.
Aquel día, a las nueve de la mañana, ya estábamos todos preparados en los talleres del Instituto. Nos recibieron tres ingenieros ingleses, representantes de la empresa que nos contrataba, y un americano, que actuaba en nombre de la empresaFLÚOR COMPANY, la constructora del proyecto.
Después de pasar lista nos adjudicaron un número a cada uno y pasamos a una sala dividida en múltiples reservados, separados entre sí por un panel de madera. En cada compartimento había una máquina de soldar con un equipo completo de herramientas.
Allí comprobé una vez más quehay que confiar en uno mismo y no hacer caso a lo que diga la gente: dos de los supuestos expertos suspendieron la prueba; yo la aprobé a la primera, a pesar de mi inexperiencia en el material celulósico.
Ellos no aceptaban el resultado de las radiografías. Decían que alguien había manipulado o cambiado los nombres, que era inexplicable que otros aprobasen siendo novicios en ese método, y ellos, que eran documentados técnicos veteranos, fallasen. Sus compañeros, aquellos que formaban parte de su grupo por haber trabajado juntos en varios proyectos, los apoyaban. El técnico que realizó las radiografías juraba que él no conocía a ninguno de los examinados y que no había manipulado nada, que los tubos estaban marcados con nuestro número y nombre. Pero el ingeniero de la empresa americana ordenó repetir las pruebas delante de él.
Los que originaron el problema fallaron de nuevo el examen y se fueron humillados. A la semana siguiente, me llamaron a casa para firmar el contrato. El ingeniero, a ver en mi currículum que había trabajado como control de calidaden Francia, me dijo que nadie mejor que un supervisor de Calidad y soldador experimentado para detectar los fallos en la ejecución de las soldaduras, y que mi trabajo sería ambivalente: controlar la calidad y reparar los fallos.
La compañía Iberia realizaba el trayecto de Madrid- Johannesburgo enonce horas de vuelo, incluyendo una hora de escala en Kinshasa (El Zaire).
Me avisaron de que en una semana estarían listos los visados y me fui a casa con el contrato firmado, indeciso aún por tener que abandonar a la familia. Pero en 1980 el paro comenzaba a ser preocupante y la situación política no presagiaba nada bueno. Al llegar a Valencia, comencé a preparar mi equipaje.
No se mide según con quién sales, ni por el número de personas con quienes has salido. No se mide por la fama de tu familia, por el dinero que tienes, por la marca de coche que manejas, ni por el lugar donde estudias o trabajas. No se mide ni por lo guapo ni por lo feo que eres, por la marca de ropa que llevas, ni por los zapatos, ni por el tipo que música que te gusta.
La vida, simplemente, es... otra cosa.
La vida se mide según a quién amas y según a quién dañas. Se mide según la felicidad o la tristeza que proporcionas a otros. Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas. Se mide por el sabor de boca que dejas a los demás con tu presencia y con tus comentarios. Se trata de lo que se dice y lo que se hace y lo que se quiere decir o hacer, sea dañino o benéfico. Se trata de los juicios que formulas, y a quién o contra quién los comentas. Se trata de a quién no le haces caso o ignoras intencionalmente. Se trata de los celos, del miedo, de la ignorancia y de la venganza. Se trata del amor, el respeto o el odio que llevas dentro de ti, de cómo lo cultivas y de cómo lo riegas.
Pero por la mayor parte, se trata de si usas la vida para alimentar el corazón de otros.Tú y solo tú escoges la manera en que vas a afectar a otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida… La vida será contigo tan justa como lo eres con los demás. Hacer un amigo es fácil; pero la vida habla de ti, por aquellos amigos que fielmente supiste conservar.Por aquellos a los que te supiste entregar sin exigencias.Aquellos que cuando no estás…lloran tu ausencia.
Texto de autor desconocido.
Transmitido por don Manuel Tellez en la emisora municipal Radio Arcos, de la que forma parte como Director de programas.
Llevo unos días en los que hasta crecen los enanos en mi circo y no puedo concentrarme en nada que no sea un problema de los que surgen de improviso: problemas con el seguro de la comunidad, con los morosos, con el electricista, con el perro, que se ha torcido una pata y anda cojo y nos ha costado una pasta el veterinario...
Con deciros que el lunes lavé el coche porque llevaba un mes estacionado en la acera y daba pena verlo con los churretes causados por el matrimonio entre el polvo y el rocío, y ayer, recién lavado y encerado, va y cae un chaparrón que me lo ha puesto perdido lleno de barro del polvo que había en el ambiente. ¡Y hacía tres meses que no llovía ni una sola gota!
Así no hay quien escriba otra cosa que barbaridades.
Y para colmo, una amiga andaluza no me escribe ni responde a mi correo.
¡Si no doliera tanto hacerlo, me chocaba contra la pared!
Visto así el panorama, prefiero dedicaros con todo cariño este vídeo a todos los que me visitáis. Abrazos.
Tengo aquí al lado el enlace al blog del amigo Antonio, psicólogo y profesor en la Universidad de Málaga, actualmente jubilado, según podrán leer en su perfil, que viene presentando desde hace un tiempo unas magistrales reflexiones sobre temas importantes que nos afectan en nuestro modo de vivir. Para abrirles el apetito les dejo aquí su último artículo: La duda.
LA DUDA, por don Antonio Porras.
“La duda es la madre del conocimiento”
Si no dudas, si no te preguntas y buscas respuestas no creces. Si no dudas te estancas porque ya crees que lo sabes todo. Aunque creas que ya has llegado a la verdad, aunque creas que el recorrido del camino terminó, piensa que tu conocimiento y tu capacidad son limitados y no abarcan el todo, que después de esto hay algo más, algo que posiblemente no has llegado a comprender aún, porque tus conocimientos no se han dispuesto para ello, no han creado la estructura que pueda soportar ese conocimiento.
Existe, pues, la duda estéril y la fecunda. La duda estéril es aquella que no se pregunta y, si lo hace, no busca respuesta, es conformista, se da por satisfecha con lo conocido, con lo cotidiano y desaparece.
La fecunda se siente preñada por la pregunta, se cuestiona y busca respuestas hasta satisfacer su curiosidad y resolver el enigma. La fecunda tiene conciencia de que solo progresa si resuelve la duda, para encontrar otra duda al la vuelta de la esquina, otra ventana abierta desde donde mirar el mundo.
Las verdades incuestionables nos atrapan y condicionan la evolución, nos postran ante otros que se definen poseedores de la verdad absoluta y nos lo creemos y caemos en sus garras, bajo su poder y voluntad, que no es otra que limitar nuestro conocimiento y crecimiento para que ellos se sientan grandes comparativamente y se crean con el derecho a pensar por nosotros… si acaso, son creadores de dudas estériles que mueren en el acto.
¡Pan y circo al pueblo para que no piense!
No sé, puede que lo que digo no sea del todo cierto, pues mi conocimiento es limitado… a lo mejor las cosas son de otra forma…pero ahora lo veo así.
Me encuentro algo alterado desdehace unos días, pues muchas cosas anómalas me han sucedido en poco tiempo, y yo, que soy de naturaleza… (Ahora que lo pienso, ¿de qué naturaleza soy?). En fin, que me afectan de forma especial las cosas.Por ejemplo: esta pasada semana guardé mi orgullo en un cajóncito, y me decidí a recomponer la amistad que me unía a una persona a la que tengo especial cariño; pero fue un error, pues mis alegaciones no la convencieron, al final empeoré las cosas, y ahora sí que lo tengo difícil. Me pasé dos días con sus noches (cuarenta y ocho horas justas) dudando entre meterle fuego al monte desde aquí hasta Ronda o correr a verla y postrarme a sus pies y despojarlos del olor de los tenis a base de besos; pero luego pensé: ¿y si encima de ir hasta allí me araña y me deja los ojos opacos como la caca de un pavo? Y no, eso no: no podría escribir luego. En fin.
Resulta que el otro día, mientras dudaba entre convertirme en pirómano o en galante caballero, recibí un correo acompañado de una relación de preguntas a las que deberé responder próximamente en un programa de radio después de hablar sobre mí, mis proyectosy mis circunstancias.
El cuestionario se nota que está redactado dando por sentado que toda España es católica, y no toma en cuenta el hecho de que viven en ella cuatro millones de musulmanes, ni de que más de la mitad de los españoles que declaran a Hacienda pone una x en la casilla “Temas sociales” en lugar de“Para la Iglesia Católica” a la hora de destinar parte de susimpuestos.
Por eso aparecen preguntas como “¿Cree usted en la inmortalidad del alma?” Y la verdad es que me siento incómodo, pues lejos de mí la intención de desairarles; pero yo no lo tengo claro del todo. Ni creo que nadie lo tenga.
Dado que no deseo causar mala impresión ni faltar al respeto al entrevistador, me he preocupado de buscar argumentos para responder conforme a mis convicciones argumentando con las suyas, y dónde mejor que hacerlo que en la Biblia, fuente de la que bebe la Iglesia para promulgar sus dogmas y enseñanzas.
Pero alguien dijo hace siglos que con la Biblia en la mano hasta el Demonio probaría su inocencia. Y es cierto: existen tantas contradicciones en ella que lo que dice aquí se contradice allá. Pasa lo mismo que con las pólizas del seguro: A) La compañía abonará 30 euros diarios por la retirada del permiso de conducir.
B) Salvo cuando dicha retirada se efectúe por contravenir la Ley.
En un lugar dice que “el alma es la sangre”, que da la vida, y por tanto debes respetarla y no comerla ni derramarla. De ahí se han sacado los Testigos de Jehová el asunto de negarse a las transfusiones.(Levítico, cap17; vers11)
En otro sitio dice que “el alma es el aliento de vida” que Dios insufló en Adán y en todos los animales”.(Génesis, cap 2, vers 7)
Y en el libro de Eclesiastés, capitulo 19 nos responde a la pregunta sobre la inmortalidad del alma:
“Lo mismo que le sucede al hombre le sucede a la bestia: ambos perecen y van al suelo, y con él ese día mueren todos sus pensamientos. Lo que tengas que hacer hazlo ahora y disfrútalo, porque nadie ha regresado luego a ver qué se hace con su obra. Una cosa yo he visto: que no hay nada mejor que el hombre coma y beba y disfrute con el fruto de su trabajo. Ése es el don de Dios.”
Pero en otro sitio dice que “El alma es espíritu, y éste vuelve a Dios”, lo que induce a la Iglesia a decir que el alma es inmortal y que nos espera otra vida espiritual en el más allá. Teoría ésta refutada en el Apocalipsis, donde dice que “sólo serán ciento cuarenta y cuatro mil los elegidos de entre los creyentes para estar en espiritu sentados junto al Trono de Dios. El resto vivirá en la Tierra, que jamás será destruida, sino sólo los hombres inicuos.”(Apocalipsis, cap.7, vers 4)
Yo no estaré entre los elegidos. Seguro.
Pero hay otro pasaje bíblico al que se aferran los creyentes en la Reencarnación, que son muchos, incluida nuestra Lola Flores (Hola Lola, qué tal. Si estás por ahí envíame algo bueno de lo que sabes más me gusta).
Ese texto cuenta la historia de unos apóstoles que iban camino de la ciudady les alcanzó un hombre que iba al mismo lugar. No le conocían de nada; pero entablaron conversación con él y al cabo del tiempo descubrieron, por la forma de hablar, de partir el pan y las metáforas que decía para apoyar sus enseñanzas, que era Jesús, el crucificado.(Evangelio Lucas, cap24; vers del 15 al 31)
Es decir, que el espíritu de Jesús, o sea: su alma, se había reencarnado en otro ser humano.
Pues esta versión es la que más se acerca a la opinión científica que dice que la materia no se pierde, sino que se transforma. Y lo mismo dice de la Energía. O sea: un cuerpo animal se muere y se descompone, o se convierte en alimento de otros seres que lo excrementan y se tornan en materia de abono, excremento que succionan las plantas y la transforman en…. Y así sucesivamente.
El agua se calienta y se transforma en vapor, que a su vez se convierte en energía capaz de mover una turbina que transforma su movimiento giratorio en electricidad, y ésta se convierte en luz, oen frío, que condensa el aire y lo convierte en agua; o en calor que hace hervir la olla y convierte en vapor y aroma el contenido, o hace girar de nuevo otra turbina y produce energía eléctrica.
O sea, la pescadilla que se muerde la cola.
Y yo me pregunto: ¿No encuentran otra pregunta sobre un tema más actual?: La ley del Aborto, la de Dependencia, la Crisis, el color del caballo blanco de Santiago…o por qué los ángeles tiene alas y van vestidos de blanco.
Yo creo que mi idea se acerca más a esa de la Reencarnación, pues a veces siento que he vivido antes, y creo reconocer lugares donde jamás he estado. Especialmente tengo grabada en mi mente una escena que revivo muchas veces como si fuera real:
Un lugar junto a un caminoen medio de un bosque de alcornoques. Yo estoy solo delante de una enorme roca, y, enfrente, media docena de militares franceses, vestidos con sus casacas azules y pantalones blancos,me apuntan con sus fusiles largos. De pronto un oficial se acerca y me y pregunta:
—¿Quelle est vötre derniere volonté?— y al comprobar que no entiendo ni papa tiene el amable gesto de traducir —: ¿Qué desear para su última voluntad?
—Que apunten hacia otro lado, mi general.
—No posible. Usted no ser persona serieuse
Y, sin concederme otra oportunidad, alzó su sable y lo bajó de pronto gritando: ¡FEU!
Oye, que me envió una andanada que me tiró de espaldas contra la roca, el cabrón.
Y aquí estoy desde mitad delsiglo XX, sintiendo en mis carnes como un pinchazo cada vez que leo que han disparado contra alguien.
Los peores años fueron los 60 y 70, cuando el general Franco movía el café con su cucharilla mientras leía la lista de condenados que le presentaba su ayudante de cámara. Se fijaba en los nombres y de vez en cuando alguno le llamaba la atención y preguntaba:
— ¿Y a éste porque lo detuvieron?
—Era un bocazas, mi general
—¿Porque insultaba al Gobierno o escribía sobre él?
—Cantaba
—¿Y éste otro?—decía señalando con la cucharilla otro nombre.
—Ese era maestro, mi general: sabía demasiado.
—¿Y éste?
—Ése tenía un par de cojones, mi general; no entiendo porqué lo han puesto en la lista.
—¡No entiende! ¡No entiende! Es un anormal pervertido; lo natural es tener sólo uno.
Y, enfurecido, tomó la dorada pluma Parker que le había regalado Hitler y firmó la sentencia de muerte, derramando el café y gritando—: “¡Ningún siervo debe sermayor que su amo!”, es ley natural.
Me pregunto qué hubiera hecho el General con este policía de la brigada especial antinarcóticos que, según publica el periódico de hoy, han detenido sus compañeros por haber robado un saco de cien kilos de droga (en el mercado alcanzaría el valor de cinco millones de euros), que estaba confiscada en los sótanos de la Jefatura de Policía sevillana. Nada bueno.
Y, bueno, podría seguir contándoles cosasde mis anteriores vidas, pero hoy es domingo y no deseo privarles depasarlo bien con sus familias.FELIZ TARDE
“Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas”.Sidhartha Gautama (Buda)
Un suplicio, eso significa para mí salir a la calle, pues siempre me preguntan lo mismo cuando me encuentro con algún conocido: "Y de aquella mujer tan bella, ¿qué sabes de ella? ¿Está bien, la has vuelto a ver o la has olvidado?" Depredadores del sentimiento humano, inquisidores, cuyo único afán es dar a su morbo alimento a costa de reabrir las heridas que me produce tu recuerdo.
Pienso en ti, sí, lo acepto; pero son breves momentos esos. Ocurre cuando en el silencio de la noche contemplo desde mi cama algún lucero burlándose en el firmamento oscuro. Entonces te recuerdo acostada a mi lado, la ventana abierta y el brillante astro reflejado en tus ojos negros observándome mientras cubro tu cuerpo.
Sí, muchas veces pienso en ti; pero enseguida me apresuro a olvidarte, pues doloroso es pensar en que pueda ser real algo tan dulce, tan maravilloso como improbable. "Somos incompatibles, nuestra relación nos hace daño a ambos; mejor es que me olvides”, me dijiste con esa voz entre cínica y dolida, justificando tu alejamiento, despidiéndome y despidiéndote a ti misma.
Y la gente, insensible, me pide que le hable de mi corazón, de mis atribulados sentimientos, de mis futuros proyectos, ¡ja, ja, ja! Como si aún hubiera futuro posible. Y yo, estúpido de mí —¿a quién quiero engañar?—, les afirmo tras inflar mi pecho que ya todo acabó, que te olvidé, que una ventana se abre cuando otra se cierra, que nunca lloro por una mujer habiendo tantas otras.
Pero lo cierto es que yo pienso en ti en la oscuridad de la noche, cuando nadie ve que pican los ojos y se tornan llorosos; entonces me giro e intento olvidarte, pero es en vano: la almohada me transmite tu aroma, y el colchón me indica el hueco, ése que te cobijaba cuando ambos fundíamos nuestros cuerpos. Y, furioso, muerdo la almohada donde esparcías tus cabellos.
Todos me preguntan cuando estoy en el bar si aún pienso en ti, si sigo contigo, si me amas o estás con otro… Ellos bien lo saben, pero es el morbo lo que les incita, el placer de ver sufrir, de ver llorar a un hombre que jura nunca haber llorado. Y yo entonces me echo a reír y exclamo:¿Llorar? ¡Jamás! Soy un hombre de vello en pecho, me visto por los pies, y no tengo tiempo para esas niñerías.
Y bebo y bebo…, bebo con ellos para justificar el picor que siento en mis enfebrecidos ojos.
En esta entrada quiero presentaros a una compañera del Colectivo Aldaba: María Dolores Díaz y Nieto, "Mado” para los amigos, artista mexicana cuyo enlace encontraréis en la columna izquierda de esta misma página, pinchando en una de sus pinturas.
Mado es una señora que camina por los senderos otoñales de la vida y por donde quiera que pasa va dejando tras ella una estela maravillosa de hojas de variados matices y géneros: la exposición de su Arte para que todo el que pase por el camino pueda aspirar su aroma y disfrutar de su colorido.
Nada la detiene en su afán de vivir la vida y alcanzar sus sueños. Además de realizar su labor profesional, que la lleva a dar numerosas conferencias en su país, tiene otras actividades enriquecedoras del alma:
Su amor por la Literatura la convierte en una excelente poeta y escritora que ha publicado varios poemarios y una novela: “El Ángel”
En su afán de encontrarse con la Pintura, ha expuesto sus cuadros en varias ciudades europeas, entre ellas Écija, (Córdoba).
Es una excelente fotógrafa, reconocida en Ciudad de México, y se dedica también a poner letra a videos de artistas famosos como los que muestro a continuación:
A Mado la conocí gracias al Colectivo Aldaba, hace año y medio. Un día publiqué aquí un artículo sobre mi pueblo, Algar, cuyo fundador, don Domingo López de Carvajal, llegó de México con una imagen de la Virgen de Guadalupe y le construyó una ermita y una aldea, que entregó en el año 1776a las noventa familias más pobres de la Sierra de Cádiz.
Mado leyó el artículo y, siendo ferviente devota de la patrona de México, se interesó por la historia y me escribió. Desde entonces mantenemos el contacto.
Hija de padre gallego y madre vasca, es a su vez madre de dos hombres gemelos desde hace 40 años, y de una hija que cuenta 37. Ellos, según afirma Mado, han sido sus mejores maestros
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Vaya desde aquí mi enhorabuena a Mado por tantos éxitos merecidos, por su espíritu joven y emprendedor y su felicidad, muy agradecido de que me considere uno de sus numerosos amigos.